Un huevo fresco debe tener 28 días como máximo desde la fecha de puesta.
Al cascarlo, la clara de un huevo fresco presenta dos zonas diferenciadas, una más densa y gelatinosa, de aspecto turgente, y otra líquida. Cuando el huevo envejece, la clara densa se va volviendo cada vez más líquida y terminan por no distinguirse las dos partes. La yema está más redondeada en un huevo fresco, y cuando el huevo envejece, la yema se achata y desparrama.
La cámara de aire (la burbuja que está en el interior del polo redondo del huevo) es más pequeña en un huevo fresco y se agranda al perder el huevo agua y entrar aire.
La prueba de hacer flotar un huevo solo es fiable cuando el huevo ya es demasiado viejo.
Fuente: Instituto de Estudios del Huevo


